Una historia con cariño para ti

Tengo mucha suerte y por extraordinarias coincidencias, hace algunos años atrás fui invitado a una reunión en un club -bajo perfil, muy alto nivel- en Santiago. Las reuniones eran en el lugar de más alta tradición en Chile, el emblemático Club de la Unión, un verdadero Palacio Italiano a un costado de la casa Presidencial.


Ese día, usé mi mejor traje, peinado Specter y me aseguré de llevar conmigo mi mejor versión. Me quedé sin aliento al saludar a los primeros asistentes que me presentaron. Nombres de la más alta tradición del país, ex Ministros, empresarios líderes de Industria y algunas celebridades del mundo del Arte y Música. Como dice un ex Senador amigo: verdaderos Pavos Reales (puro/as cracks). Además, a estas reuniones siempre viene un/a Líder de Industria a explicar directamente, a los influyentes miembros, los Temas más importantes de Coyuntura: Ministros, Presidentes de Gremios, Dirigentes e Intelectuales visitaban este lugar para relatar su versión de alguna polémica en curso. Increíble. Solo se puede asistir con invitación.


Fui invitado a las reuniones siguientes. Como hábito, busqué ser un aporte, ayudar y ofrecer mi asistencia en lo que estuviese a mi alcance, construí relaciones, pedí reuniones a los/as miembros para buscar consejo y sabiduría.


En el corto periodo de un año, fui invitado a Presidir este Club, con solo 28 años; el Presidente más joven de la Historia del Club. La edad promedio es 60 años.

Para una de las reuniones durante mi Presidencia, una de las miembros del Directorio, muy destacada e influyente asesora de Gobiernos a quien considero una mentora, invitó a un político muy reconocido de Chile a conversar al club, un político a quien yo seguía muy de cerca por una razón muy especial:


Toda mi vida escuché alabanzas sobre este líder, porque mi mamá es muy fan y seguidora de él, a quien además consideraba un modelo a seguir para mi.


Pensé en llevar a mi mamá como invitada especial a esta reunión para que conociera a este notable personaje, pero...


Aquí empezó mi tormento..


Nacieron en mi, muchas inseguridades. Cuando llevas un invitado para que la comunidad lo conozca, debes presentarlo frente a todo el Club: su Currículo, trayectoria, etc..: Pensaba en mi cabeza "se reirán de mi, pensarán que soy un niñito de mamá", "me juzgarán".

Quizás si la presento y no digo que es mi mamá, pensé.


Nadie había invitado a su mamá a estas reuniones en el tiempo que yo estuve; quizás nunca antes. La mitad de los miembros son extranjeros, la edad promedio es 60 años, aproximadamente. Yo "intentando" destacar en mi Presidencia, siendo el más joven del Club, relativamente nuevo, tratando de parecer mayor para recibir el respeto que buscaba en base a mi carácter y no a mi corta edad (paradójicamente).


Después de toda mi incansable batalla mental sobre llevarla o no, decidí invitarla.


En el Cocktail de entrada, quienes conversaron con ella, fueron extremadamente tiernos, incluyendo un ex candidato presidencial. A la hora de presentarla a la comunidad, lo hice con adornos y flores verbales: Una empresaria destacada, self-made woman, a quien admiraba con mis más altos respetos; les presento a mi mamá. La recibieron con aplausos. Continuó la reunión. Mis inseguridades se mantuvieron altas, ¿Qué me dirán? ¿Qué pensarán de mí?. La preocupación no tenía nada que ver con mi mamá, ella es una crack, sino que ¿Qué pensaban los miembros de que el niño del club haya llevado a su mamá?.


El almuerzo fluyó impecablemente. El Speaker extraordinario.

Al finalizar la reunión, donde la mayoría se queda conversando, se me acerca lentamente, en un dificultoso caminar, uno de los miembros de más larga trayectoria y eméritos del Club, de unos 85 años. Con una mirada entre tierna y sonriente, mira a mi mamá que estaba conversando con algunos de los miembros y me dice:


Él: ¿invitaste a tu mamá?


yo: Sí, es muy fan del Speaker, respondo sonriente (aquí viene el reto, pensé por dentro, inseguro)


Él: Sonríe.


Jamás olvidaré lo que dijo a continuación...


Él: daría lo que fuera por poder invitar a mi mamá.

Él: Te felicito.


Me abraza cariñosamente y se va con una mirada entre sonriente y nostálgica.


Silencio… quedé perplejo, helado.

Recuerdo la sensación como si fuese ayer.


Ese momento fue tan revelador para mí... conecté tantos puntos:

¿A cuántos incontables momentos de nuestra vida aplica esa frase?: oportunidades no tomadas, sueños dejados de lado, y especialmente, momentos con nuestros queridos.


Toda la batalla mental, el tormento y juicio, tan equivocado.


¿Cuántas veces dejé de decir algo tierno, mostrar cariño, o lo que sea, por estas ridículas inseguridades? Entendí lo irrelevante que era todo al lado de lo verdaderamente importante y esas palabras resuenan en mi cabeza hasta el día de hoy:


"daría lo que sea por poder invitar a mi mamá".


Fue todo tan claro, gracias a un segundo de honestidad, comunicado a corazón abierto, de mi querido, luego, amigo.


Entendí también, que reafirmar mi posición como líder en ese lugar, no tenía nada que ver con verme/ser de mayor o menor de edad ni ninguna cualidad física, ni llevar a mi mamá, abuelita o quien sea.


Espero que esta historia te ayude, a que si el día de hoy no diste tu máximo para celebrar a tu mamá o tu pareja mamá, este es un buen momento de comunicar, en alta fidelidad, lo que llevar dentro. Por otra parte, que esas inseguridades no detengan la magia que te hace un/a líder especial y único/a.


-Gracias mamá por creer en mí, por mirarme más alto de lo que era, por verme más grande de lo que soy. Gracias por confiar ciegamente y por trabajar incansablemente para darme las oportunidades que nunca tuviste. Todo lo que soy y alguna vez seré, te lo debo a ti. Te adoro-


Que nada te detenga campeon/a y que la fuerza esté contigo


Jorge de SpeakerCoach

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